Escrito del cuerpo

06.02.2019

¿Cuántas veces nos percatamos de nuestro cuerpo? Mejor dicho ¿cuántas veces le prestamos atención a nuestro cuerpo sin que sea por un dolor o malestar? Luego de varios encuentros terapéuticos estos días quedó rondando en mi cabeza la idea respecto de la importancia que le damos al cuerpo.

En reiteradas ocasiones he escuchado la metáfora del cuerpo como envase del alma y debo decir que nunca me agradó esa frase, hoy soy capaz de expresar ese desagrado ya que hablar de envase (cuerpo) me suena a que este tiene menor importancia que el contenido interno (alma), cuando no es así. Prefiero sinceramente la consideración de un cuerpo como una fabulosa maquinaria orgánica, constituida por millones de pieza y engranajes que funcionan de una manera que no deja de resultarme grandiosa. Es por este cuerpo y gracias a él que vivimos en este planeta, el que sea temporal no lo hace menos importante. Gracias a él es que experimentamos el mundo que nos rodea, en él sentimos las emociones, con él nos vinculamos y relacionamos, por él caminamos, comemos, respiramos, nos abrazamos y besamos; entonces ¿qué nos lleva a solo prestarle atención cuando enferma, cuando duele?

La respuesta a dicha pregunta es sencilla: es nuestro cuerpo el que nos está poniendo de manifiesto que hay algún aspecto -o varios- de nuestra manera de vivir que están en desarmonía, que estamos desequilibrados de nuestro eje, y aparece la llamada de atención física para que volvamos a conectar con ese punto de equilibrio (sumamente personal). En ocasiones las alertas que nos envía el cuerpo son sutiles o leves: dolores de cabeza, contracturas, acidez, etc. En otros casos terminan siendo más severas: como tumores, quebraduras de huesos, diversas enfermedades que pueden terminar siendo de índole crónica. Y es recién allí, cuando se llega al punto crítico que le prestamos atención al organismo.

Lo que deseo proponer en esta escritura es que comencemos antes a mirar-nos en lo físico/biológico; que podamos volver un hábito el reconocer como funciona el cuerpo, el propio cuerpo, en el estado de bienestar, inspeccionando sus ritmos y ciclos, registrando la respiración, los movimientos del estómago y los intestinos durante la digestión, la forma en que percibimos aromas y olores con la nariz, la textura de la piel en cada zona, la forma en que trabajan los músculos faciales al sonreír, llorar, enojarse... cómo se apoyan las plantas de los pies en el piso al estar sentados o al caminar, visualizar cómo será nuestro cuerpo por dentro y también observar lo que vemos por fuera; mi propuesta es la de comenzar a mirarnos y reconocernos desde la salud, cuando estamos bien sin tener que llegar al punto crítico para hacerlo.

Dedicar tiempo a tal tarea se puede considerar como preventivo entonces, y también es una forma de trabajar en la aceptación personal. Cuando comenzamos a apreciar nuestra imagen física es que emprendemos todo un proceso de identificación con nuestro ser. No se trata solo de lo estético, es lograr "hallarnos" en este cuerpo, experimentar y vivenciar a través de él, expresarnos por él, y ser con él. Todo se reduce a un acto de amor y en esta ocasión es con uno mismo: re-conocer lo biológico en pos de aceptarme amorosamente a mí mism@.

Conocer mis tiempos internos en cada proceso biológico, registrar los ciclos que se dan en mí, escuchar mi respiración, percibir diferencia de sonidos con cada oído, ser consciente del estado de mi piel, de la manera que me siento con cada prenda de vestir, escuchar y sentir mis tripas luego de comer -sabiendo que están trabajando-, reconocer el cansancio o la energía de los músculos para hacer actividad física, visualizar mis vértebras y articulaciones en flexibilidad con una clase de yoga, percibir la satisfacción durante un encuentro sexual y la manera particular en que reaccionan mis órganos, sentir el contacto de un abrazo o caricia, la textura de las diversas manos y de las mías.... Todo ello y mucho más me llevan a conocerme a mí, a conocer mi eje y poder detectar cuando me estoy saliendo (o me he salido de él) para retornar -a mí ritmo- a ese punto de mi propia salud. Así acepto mis límites para cuidarme, reconozco mis destrezas y capacidades, puedo mirarme y saber si necesito algo en este momento y qué. En mi propia aceptación comienzo a tratar con amor y cariño a la persona más importante de mi vida: a mí



Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar